Hola Lectores, vengo con otra nueva reseña del último libro acabado, esta vez lo he leído en lectura conjunta pues estamos leyendo toda la serie de Game Changer de Rachel Reid desde el 1º libro. Por si alguien no la conoce aún, que me parecería raro que no debido al éxito de la serie, pero igualmente se lo recuerdo nuevamente, trata sobre historias de romance queer con jugadores de Hockey sobre hielo como protagonistas. La serie en total serán 7 libros, todavía esta en proceso de escritura del último, por lo que de momento son 6 y 7º saldrá en el 2027 según se sabe hasta la fecha. También los tenemos todos publicados todos los disponibles en español gracias a la editorial Montena, que los fue publicando en estos meses pasados de 2026. Cada libro trata sobre una pareja diferente aunque al ser la mayoría jugadores de Hockey sobre hielo pues es lógico que se conozcan entre si al ser compañeros de equipo o haber jugado como rivales.
El que les menciono hoy es el 4º libro de la serie y cuenta la historia de Eric, portero veterano de Los Admirals de Nueva York y compañero y amigo de Scott, el que fue protagonista del 1er libro de la serie. Por otra parte tenemos a Kyle, otro personaje recurrente de la serie que ya apareció en el 1º, pues es compañero de trabajo y amigo de Kip pues ambos trabajan en el mismo bar gay. En esta ocasión el principal problema entre esta pareja de Eric y Kyle es la diferencia de edad, pues Eric tiene 41 años y Kyle 26 años, que aún esta acabando la carrera de arte.
El estudiante de posgrado Kyle Swift se mudó a Nueva York con el corazón roto. Había jurado encontrar a alguien de su edad de quien enamorarse. Hasta que conoce a un guapo y distinguido jugador de hockey de cabello plateado. A pesar de su intensa atracción física, Kyle no tiene intención de involucrarse emocionalmente. Le enseñará a Eric algunos trucos, se divertirán mutuamente y luego se marchará.
Eric está más que feliz de aprender todo lo que Kyle le enseñe. Y Kyle nunca esperó que su acuerdo de amigos con derecho a roce le dejara con ganas de más. El «felices para siempre» podría estar ante sus narices, pero no sucederá si son demasiado tercos para sincerarse sobre sus sentimientos.
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